No es broma ni política ficción. La ovación que recibió el grupo de teatro chileno, Viajeinmóvil, en Bolivia fue una expresión real de que los intereses y sensibilidades de los ciudadanos no siempre coinciden con los de sus gobernantes.

Se trataba del XI Festival Internacional de Teatro de Santa Cruz de la Sierra, muestra de larga tradición y calidad artísticas. En el escenario de la Casa de la Cultura se había puesto en escena la obra “Otelo” de Shakespeare, adaptada y dirigida por Teresita Iacobelli, Christian Ortega  y Jaime Lorca. A sala llena durante dos días seguidos y con una fuerte presencia de jóvenes, Otelo fue una, de las 30 obras de 10 países que se presentaron del 21 de abril al 1 de mayo, en distintos recintos culturales cruceños.

La tragedia escrita hace más de 400 años, nutrida en amores, celos, luchas de poder, discriminación y traiciones, con resonancias que siguen siendo actuales, pudo conmover al público con originales recursos lúdicos, muñecos y máscaras, manipulados por los actores Jaime Lorca y Nicole Espinosa.

La persistente y eficaz gestión de la Agregada de Prensa y Cultura de Chile en La Paz, Odette Magnet, y el apoyo de la Dirección de Asuntos Culturales del Ministerio de Relaciones Exteriores, hicieron posible la participación del grupo. Como entusiasta contraparte estuvieron la presidenta de la Asociación Pro Arte y Cultura (APAC) de Santa Cruz, Sarita Mansilla, y su gerenta Paula Paz Soldán.

Inaugurado en la Plaza principal, con títeres y muñecos gigantes y gran jolgorio popular, el Festival animó a una ciudad siempre muy activa. Las voces artísticas se mezclaron durante esa semana con manifestaciones y demandas de diversos sectores. Como los músicos de la Confederación de Artistas Unidos de Bolivia que, entre canciones y encendidos discursos, exigían el cobro de un “derecho de tránsito” o monto impositivo a los shows de artistas internacionales. O los escolares de la ciudad que, vestidos de ropajes vistosos ponían, otro día, una nota festiva con bailes callejeros representativos de sus culturas ancestrales.

El clima tropical de Santa Cruz acompañó la expresión de los grupos de teatro  bolivianos, argentinos, chilenos y brasileños, unidos en torno a la creatividad y a un colorido imaginario latinoamericano que no se ensombrece con los roces políticos, los discursos demagógicos ni los afanes nacionalistas y populistas.

El haber palpado de cerca las vibraciones del Festival boliviano me dejó con unas ganas enormes de aplaudir de pie, no sólo al elenco chileno visitante, sino a actores, actrices, gestores culturales y ciudadanos participantes que, tanto en las calles como en las salas de teatro y centros culturales de nuestros países, se entregan regularmente a una dinámica creativa y una reflexión crítica enriquecedora, Allí, la diversidad, el diálogo y el compañerismo invitan a trascender y superar los conflictos democrática y constructivamente.

Santiago, 2 de Mayo de 2017.

Ana María Foxley

Periodista y Gestora Cultural

Profesora Políticas Culturales Comparadas

MGC-UCH