La académica, destacada el año 2013 como mejor docente de pre-grado, se refiere a cómo realizó a pulso sus primeras exposiciones y los tratos injustos en sus comienzos.  Además, de la importancia que le atribuye a la gestión cultural desarrollada por profesionales  ligados a las artes.

¿De qué modo comenzó a exponer su obra?

En los inicios, con una obra muy incipiente, solo me cabía esperar invitaciones a muestras colectivas organizadas por alumnos de pre-grado o jóvenes académicos. Era el lugar y contexto donde estaba, el plan maestro institucional, el que fue pauteando mi itinerario. Luego, cuanto empiezan a conocerte, se amplía el radio de interacción. A esto siguieron las iniciativas individuales con financiamientos a pulso, como aportes privados que gestioné personalmente. El papel del Estado en los 80’s no existía.

 ¿Tenía algún tipo de experiencia o condición personal que le ayudara a gestionar la proyección de su producción artística?

No tenía ninguna experiencia en gestión y menos habilidades especiales para desarrollar esa tarea. Normalmente, uno iniciaba algún tipo de negociación, que nunca te favorecía, sino más bien, lo contrario, sabías que no era un trato justo,  pero lo tomabas con tal de sacar adelante una muestra. Recuerdo haber hecho el trueque de un gran dibujo que formaba parte de una serie, a cambio del dinero para enmarcar, muy modestamente, todo el resto.

 ¿Hubo personas, colegas, organizaciones o instituciones que fueron claves como apoyo inicial?

En los años 80’s, había una serie de concursos que nos animaban a probar suerte e integrar las muestras que éstos formaban. Ser seleccionado significaba una vitrina hacia el medio, ya que la promoción y comunicación era parte de su responsabilidad. Recuerdo: el Certamen Nacional de Artes Plásticas en MNBA, Colocadora Nacional de Valores y la Beca Amigos del Arte.

También, la Universidad de Chile promovía y financiaba distintos concursos de creación, los que obtuve en varias ocasiones. Era corriente también, ser invitado por otro artista, que tenía un poco más de trayectoria, a formar una muestra colectiva. Algunas fueron tomando más cuerpo cuando el grupo desarrollaba un concepto bajo la asistencia de algún teórico que estructuraba un núcleo de investigación, constituyéndose sesiones muy intensas de discusión.

¿Usó algún método para poder posicionarse en el medio nacional, primero, e internacional, después?

En realidad, no puedo decir que tuviera estrategias muy estudiadas. En épocas en que todavía el computador no era un bien masivo, formar un portafolio era una tarea que requería mucha destreza. Luego de construir el dossier, había que solicitar reuniones con directores de galerías, institutos culturales, etc., donde el poder de convencimiento personal, apoyado en las imágenes de la obra y una nota de fundamentación del proyecto, permitía aspirar al consentimiento de apoyo o de asignación de un espacio. Cuando buscaba fondos de una empresa, que creía podía colaborar en el financiamiento, solicitaba una reunión con los directores de marketing e intentaba comprometer dineros. Pero nunca pude obtener recursos con cargo a la famosa Ley Valdés.

Siempre pensé que el medio internacional vendría por añadidura luego de estar bien posicionado en el local.

¿Qué opinión tiene usted de la gestión cultural aplicada al campo artístico?

Creo que la gestión cultural es como el poder ejecutivo, consigue articular una serie de saberes: curatoriales, de financiamiento, de obtención de espacios, de exhibición etc. y libera al artista de la improvisación a la que es sometido y la consecuente recarga de trabajo que genera un desvío de su quehacer más propio. Creo que es positivo y genera más demanda de obras.

¿Considera que es positivo que los propios artistas autogestionen su trabajo o es mejor que esta tarea la realice un gestor cultural?

No obstante mi respuesta anterior, creo que las dos opciones son positivas, puede que haya casos en que no logren sistematizarse y la gestión se vea vinculada directamente con la propuesta y se valide de esa misma manera, por lo que la gestión va de la mano del artista.

¿Cuáles cree son las condiciones que necesita un artista para poder gestionar su trabajo?

Creo que la convicción sobre su obra. Es lo único que me mueve a mí. Y en mis incursiones en estos asuntos: energía y paciencia.

¿Qué artistas considera usted que hacen una buena gestión de su obra o de la de otros artistas?

Existen artistas que son buenos gestores y que con éxito consiguen posicionarse en el medio. Normalmente esta dirección, resulta una amenaza a la condición de la obra, ya que ésta requiere de sus tiempos y de total autonomía. He visto buenos y malos ejemplos del empleo de la gestión de artistas. Recuerdo positivamente el trabajo en Galería Balmaceda de las artistas Nury González y Ximena Somoza, el proyecto “INCUBO” que llevó a cabo Josefina Guilisasti, junto con Cecilia Brunson, consistente en invitar a curadores internacionales, también “Cambio de Aceite”, la muestra y el catálogo editado por la gestión de Jorge González Lohse. Hoy está trabajando fuertemente Cristián Silva, que promueve multitudinarias muestras en lugares emblemáticos, que se convierten en el eje de tensión de las obras, son ejercicios innovadores y que sientan fuertes precedentes.

¿Considera que la gestión cultural aplicada a las artes puede ayudar a la mejor proyección y conocimiento público de un artista? 

Claro que lo va a ayudar.

¿Cómo ve el escenario del arte y la gestión cultural en el extranjero?

Respecto de modelos internacionales que me interesen, no conozco del todo los aspectos que me indiquen algún cambio sustantivo. Sé de países que protegen más su patrimonio artístico y otorgan mayor reconocimiento y financian a la obra de los artistas.

¿Cuál es su opinión respecto a las políticas públicas y culturales que tiene nuestro país?

Me parece que las políticas públicas atienden más al arte de los espectáculos, en lo posible masivos e impactantes, y que realmente no son grandes aportes disciplinares.

 ¿Qué políticas culturales echa de menos a nivel específico en el campo de las artes visuales?     

Creo, es fundamental el apoyo estatal a la investigación de punta. Tiene que haber mayor confianza en actividades experimentales de largo plazo, que involucran mayor complejidad e investigación. Por supuesto, la conciencia de que las artes visuales en Chile ya contienen una historia propia y algo así como 20 escuelas de arte que siguen promoviendo artistas, lo que indica una demanda de la sociedad por estar en ellas, así como también un área de producción y de pensamiento consolidada.

¿Qué grado de apoyo estatal ha tenido usted en el desarrollo de su trayectoria como artista?

El apoyo estatal del que yo me he valido es a través de los fondos de la Universidad de Chile, a los cuales puedo acceder en tanto sea académica de la institución.

¿Qué opina del trabajo artístico y su gestión en alianza con la empresa privada?

Creo que los fondos privados son buenos en tanto no impongan criterios de ningún orden. Eso es peligroso, lo correcto es desvincular a la empresa de la curatoría.

 ¿Qué grado de importancia le otorga a la gestión cultural en la formación de un artista  emergente?

Creo que es vital. Hay un profesionalismo en la disciplina que ha conseguido un gran desarrollo, además es una gran herramienta para conseguir la formación de masa crítica.

¿Cree que la gestión cultural puede ser decisiva para el futuro de los artistas emergentes?

Pienso que sí. Puede ser determinante en la instalación de una obra el apoyo de gestiones privadas o estatales.

¿Considera que la existencia de un Magíster en Gestión Cultural en la Facultad de Artes de la U. de Chile, puede contribuir al mejor desarrollo y proyección pública de la actividad artística, dentro y fuera del país?

Considero muy bueno que exista dicho Magíster, pero considero todavía mejor que haya allí estudiantes que han egresado de las Licenciaturas en Artes y Teorías del Arte, puesto que convierten los ejercicios de gestión en cuestiones con perspectivas, que podrían, incluso, adelantarse al paso del artista.

Entrevista: Carla Cari

Texto: Denisse Ortiz

Fotografía: Igora Martínez