Autor: Carlos González Isla. 12/06/2017

Entre ellos está uno de los mayores centros ceremoniales preincaicos de una sociedad compleja que desarrolló la agricultura.

“Es una incógnita cómo algo tan grande quedó intacto, el grado del huaqueo (saqueo) es mínimo respecto a la extensión”, dice Mauricio Uribe, investigador de la U. de Chile sobre el descubrimiento del mayor centro ceremonial preincaico en el norte del país. El lugar está en Pampa Iluga, comuna de Huara, a 50 kilómetros de la costa y muy cerca del geoglifo Gigante de Tarapacá.

En el contexto de una investigación Fondecyt de cuatro años, el experto y su equipo identificaron 4 mil sitios arqueológicos, 674 de ellos son del periodo Formativo, que se inició hace unos 3.000 años. En esta fase las comunidades pasaron de ser cazadores recolectores a pueblos sedentarios con capacidad agrícola.

Los habitantes de esta zona están emparentados con las sociedades que se desarrollaron en la costa del desierto de Atacama, a su vez conectadas con la cultura Chinchorro, más al norte.
El sitio principal, repartido en 46 hectáreas, contiene 80 túmulos, que son acumulaciones de tierra, vegetales y ofrendas que, muchas veces, se levantan sobre entierros humanos, y que llegan hasta los cuatro metros de altura.

“Son obras de gran escala, hechas por grupos que se unieron”, dice Uribe, quien añade que ahora deben investigar cómo se hicieron.

Hoy en el lugar ya no existen cultivos ni la vegetación de la que se abastecieron estas comunidades. ¿Qué cambió? Para el académico existen diferentes variables, una es el cambio climático.

Las poblaciones que llegaron al sitio gozaban de abundantes precipitaciones en el Altiplano, las que abastecían a la quebrada de Tarapacá, facilitando los cultivos de maíz y calabaza, así como la plantación de algarrobos. “Esto implicaba quedarse más tiempo en el lugar, por eso fueron sitos de congregación de población, lo que implicó hacer rituales en torno al agua y cultivos”, agrega.

Este arraigo con la tierra y el desarrollo de una nueva economía, más compleja, incidió en los ritos funerarios. Pese a ser contemporáneos a la cultura Chinchorro, los habitantes del lugar no momificaban a sus muertos, sino que los enterraban en forma fetal. “Seguramente son las mismas poblaciones, pero que cambian sus concepciones”, dice Uribe.

El sitio albergó grandes espacios públicos para cientos de personas, con esculturas, monolitos, extensos campos de cultivo y talleres de artesanías.

Los Incas aparecieron en el lugar después del año 1.450 (dC), pueblo que también lo usó como sitio de culto por la evidencia de artefactos hallados, que tienen relación con su alta jerarquía social, como cerámica imperial polícroma, con colores e iconografía propios del Cusco, metalurgia y campanas de bronce.

Para ésta y otras noticias culturales http://www.latercera.com/