[download id=”43″]

Enrique Matthey, actual Director del Departamento de Artes Visuales, ha liderado el  perfeccionamiento del Plan de Estudios y el Proyecto de Desarrollo Institucional del DAV. En esta entrevista nos cuenta sobre lo difícil que resultó preparar su primera exposición y por qué cree que la educación es un factor clave en el desarrollo cultural del país.

 

I. Sobre su experiencia inicial

Al inicio de su carrera ¿Qué recursos utilizó para mostrar públicamente su trabajo?, ¿Tenía algún tipo de experiencia que le ayudara a gestionar su producción artística más allá del taller?

Recién egresado, en 1977, y sin ninguna experiencia, junto a un compañero de la Escuela decidimos hacer una exposición en el Instituto Cultural de Las Condes, que entonces gozaba de buen prestigio. En ese tiempo ese espacio estaba a cargo de Alberto Pérez, un profesor emblemático de nuestra Facultad, que había sido exonerado de la Universidad por razones políticas. Él, al ver nuestro trabajo, se entusiasmó y aceptó de inmediato concedernos una fecha para exponer. Sin embargo, al poco tiempo, y nuevamente por razones políticas, Alberto fue despedido y con ello todos los compromisos contraídos por él fueron abortados. Pero lo más impactante e increíble fue que luego de este adverso percance, él se asoció con la artista Lotty Rosenfeld y una poeta -cuyo nombre no recuerdo- para instalar una galería de arte de punta, la que bautizaron como Galería Espacio Siglo XX, y decidieron que mi amigo y yo fuéramos quienes la inauguráramos. Es decir, apostaron, al abrir públicamente este importante espacio, por dos jóvenes por completo desconocidos. Esto para nosotros fue un gran privilegio y un gesto altamente motivante, que a la postre, significó un impulso importante en la proyección de mi carrera como artista visual.

¿Hubo personas, colegas, organizaciones o instituciones que fueron claves como apoyo inicial?

Como ya mencioné, en mi caso Alberto Pérez fue determinante. Luego, gracias a él y al desempeño muy productivo que tuve como estudiante en la Escuela, conté con el respaldo de tres artistas y profesores que fueron claves para mí: Rodolfo Opazo, Adolfo Couve y Gonzalo Díaz, quienes de modo incondicional apoyaron mi trabajo y, en varias oportunidades, me avalaron para postular a espacios importantes de exhibición.

¿Usó algún sistema para poder posicionarse en el circuito artístico?

Ante mi absoluta falta de conocimiento y experticia para manejarme en el circuito, lo único que hacía era trabajar intensamente en la producción de mi obra, sin pensar en alguna proyección. Me tenía fe, y la pasión por lo que hacía (al margen de algunas ácidas críticas y  de la falta de recursos) me impulsaba con fuerza a insistir en lo que creía, logrando una prolífica producción, que me permitió convencer a directores de galerías de la época para mostrar mi trabajo en esos espacios. En ese tiempo, el fuerte rechazo que experimenté por parte de algunos respecto a lo que pintaba me fortaleció, además de otorgarme la libertad de trabajar sin concesiones de ninguna especie. Fue de mucha importancia trabajar en lo que creía, más allá de la fama y la gloria, o sea, gozar de la independencia que otorga el “anonimato”. Aunque entonces —y lo sigo siendo— no era popular fuera del circuito artístico y cultural, sí lo era entre pares y teóricos.

 

II. Sobre la gestión cultural aplicada al campo artístico

En relación a la gestión cultural ¿Qué opinión tiene usted de su aplicación al campo artístico?

Me parece que es fundamental, pero es determinante que los gestores cuenten a cabalidad con los conocimientos y sensibilidades de la disciplina.

Por ejemplo, en más de una oportunidad me han invitado a exponer, pero al momento de presentar las obras ante los comités que gestionan esos lugares (por lo general las personas encargadas de dirigir estos espacios no poseen ningún conocimiento de lo que son las artes visuales contemporáneas), quienes realizaron la invitación, no consiguen convencerlos para que mi obra sea expuesta. Éste es un fenómeno que he observado con varios otros artistas. Por tanto, creo un buen gestor debe ser capaz de convencer y entusiasmar al más neófito acerca de la importancia que posee el arte en el desarrollo de una sociedad y, en especial, aquel que se advierte como incomprensible o absurdo. En términos prácticos, debe saber transferir lo que en apariencia es intransferible, convencer de que el arte es una gran inversión, ya que, como la historia lo demuestra, son muchos los artistas que han logrado después de años, inclusive luego de fallecidos, demostrar la potencia de sus producciones y que ahora son valoradas a precios exorbitantes.

¿Considera que es positivo que los propios artistas autogestionen su trabajo o es mejor que esta tarea la realice un gestor cultural?

Lo ideal es que el artista se concentre completamente en la producción de su obra y que exista un gestor que se encargue de todo aquello que se relacione con su financiamiento, contacto con curadores y la circulación del trabajo.  Esto haría que la producción sea mucho más prolífica y concentrada.

Para que un artista gestione su propia obra, ¿cuáles son las condiciones que usted considera se necesitan?

Para mí no existen condiciones. Por lo general los artistas no somos buenos gestores de lo que hacemos y no contamos con las herramientas y el talento que se precisa para ello. Esto requiere de especialistas, es decir, de buenos gestores culturales. Pero en este país eso es difícil y algo que veo lejano, porque no hay ningún interés por parte del Estado de implementar políticas culturales, pues todo lo que tiene que ver con cultura, arte y humanidades es considerado como un asunto menor —lo que es un grave error—, y el interés se concentra en impulsar el desarrollo de las ciencias y las tecnologías, lo que deriva en aumentar nuestra condición de país subdesarrollado y periférico. A diferencia de las naciones “paradigmáticas”, que precisamente sustentan su potencia y presencia, mediante el impulso que le otorgan a la memoria y reconocen en la manifestación de todas las expresiones, incluidas por cierto las artísticas, el progreso y cultura de sus pueblos.

Haciendo una retrospectiva histórica, ¿qué artistas considera que supieron hacer una buena gestión de su obra?¿Quisiera destacar algunos casos?

Por desgracia, no tengo conocimiento de artistas que sean o hayan sido buenos gestores (y es seguro que los hay ahora y los hubo antes). Pero –insisto- este es un rol que posee sus especificidades y que, por lo tanto, requiere de especialistas.

¿Considera que la gestión cultural aplicada a las artes puede ayudar a la mejor proyección y reconocimiento público de un artista?

Creo que efectivamente puede ayudar y mucho. Sin embargo, pienso que ello solo no es suficiente, pues debe ir además asociado a otras medidas, como por ejemplo, la educación artística en la etapa escolar. La conciencia por parte del Estado, respecto de la importancia y necesidad del país, que pretende el desarrollo, del cultivo de todas sus manifestaciones culturales. Por último, no catalogar el arte como “Industria Cultural”, tal  como ocurre hoy, puesto que esa denominación lo relaciona con el espectáculo, es decir, con la frivolidad. A esto hay que añadir el mejoramiento radical de lo que actualmente entregan los medios de comunicación, que es deplorable y alienante.

En relación a la gestión cultural en el extranjero, ¿hay algún país o modelo que le interese o motive más que otro?

No conozco mucho al respecto, no obstante, por lo que he escuchado, son famosos los modelos de Estados Unidos y de Inglaterra.

¿Qué opina del trabajo artístico y su gestión en alianza con la empresa privada? ¿Cuál ha sido el grado de apoyo que Ud. ha recibido?

La verdad es que se trata de algo muy escaso, porque frecuentemente la empresa privada, al menos en Chile, se caracteriza por estar liderada por personas que son muy ignorantes y convencionales respecto del arte en general y muy en especial del arte contemporáneo. Por lo tanto, jamás se jugarán por propuestas de artistas de punta, vanguardistas, por lo que sólo hacen inversiones de carácter menor, con la obra de autores consagrados y tradicionales. Puede que existan algunas excepciones, pero en general, ésa es la tónica.

¿Qué opina del mercado del arte en Chile? ¿Ud. ha vendido en alguna galería comercial? ¿Cómo ha sido su experiencia?

Sí, he vendido, pero muy poco. Y respecto del mercado del arte en Chile, éste no existe y nunca ha existido: estamos a años luz de ello.

 

III. En el contexto de las políticas públicas y culturales

¿Cuál es su opinión respecto a las Políticas Públicas culturales que tiene nuestro país?

En relación a la cultura no existen políticas públicas en nuestro país. Aquí lo que reina es la tecnocracia y la frivolidad y lo que hay que hacer, en mi opinión, se relaciona con lo que mencioné antes: Una buena formación artística desde la etapa escolar, un cambio radical de la información que entregan los medios de comunicación, muchos más recursos por parte del Estado para la cultura, lo que implica dotar a todas las regiones del país con espacios culturales adecuados y muy bien equipados, con personal capacitado, que colaboren con la educación y formación de sus comunidades. También recursos y becas para la formación y perfeccionamiento de talentos y establecer una sociedad muy bien regulada entre el Estado y la empresa privada, para que ésta colabore de manera efectiva y comprometida con el impulso de nuevas propuestas, aquellas que implican riesgo, desafíos, que no están aseguradas, pero que garantizan un progreso para la disciplina y en consecuencia, también para la sociedad.

¿Qué políticas culturales echa de menos a nivel general y, a nivel específico, en el campo de las artes visuales?

Echo de menos un país que respete los derechos humanos, es decir, que respete todo lo que somos, deseamos y necesitamos para ser integrales, que no discrimine respecto de aquellos quehaceres que no generan lucro en el corto plazo, que invierta en formación y no en instrucción: esa es la única forma real de progresar.

¿Qué grado de apoyo estatal ha tenido usted en el desarrollo de su trayectoria como artista?

He recibido apoyo a través de varios concursos FONDART, y también gracias a la contratación como académico en la Universidad de Chile que, al menos en teoría, todavía sigue siendo pública. Sin embargo, eso es muy insuficiente, pues permanentemente me toca observar a valiosos jóvenes, con grandes posibilidades y proyección, que se pierden por no contar con ningún respaldo institucional —menos familiar— para ofrecer sus magníficas condiciones a través de sus propuestas a la sociedad, lo que me parece es muy grave y preocupante, puesto que genera una castración social que es injusta e inmerecida.

 

IV. En el contexto de la formación artística

¿Qué grado de importancia le otorga a la gestión cultural en la formación de un artista?

Me parece que es importante que un artista posea nociones básicas de gestión. Pero pienso, que lo ideal es establecer y fortalecer relaciones complementarias entre especialistas, pues en la medida que cada uno se aboca por completo a aquello que mejor hace, serán superiores los resultados. Por lo tanto creo que lo ideal es que existan sociedades tempranas entre artistas emergentes y gestores culturales que logren posicionarlos dentro de este frágil y precario circuito en el que habitamos. En este sentido, pienso que un buen gestor es también un buen agente cultural, que puede abrir las mentes de muchos que no ven más allá de la vuelta de la esquina.

¿Cree que la gestión cultural puede ser decisiva para el futuro de los artistas?

Me encantaría creer que sí, y como éste es un campo nuevo que se está recién explorando en nuestro país a través del Magíster en Gestión Cultural de la Universidad de Chile, quiero creer que puede ser -no sé si decisiva- pero sí, gradualmente influyente.

¿Considera que la existencia de un Magíster en Gestión Cultural en la Facultad de Artes de la U. de Chile, puede contribuir al mejor desarrollo y proyección pública de la actividad artística, dentro y fuera del país?

Definitivamente sí. Me parece que es una instancia académica determinante que, de ser capaz de captar las tensiones y sensibilidades de la disciplina, de conocer a cabalidad cuáles son las demandas contemporáneas de las artes a nivel nacional e internacional y de tener la capacidad de discurso para transferir como relevantes estas demandas a las entidades que correspondan, para su proyección y financiamiento, se justifica plenamente.

Entrevista: Carla Cari

Texto: Denisse Ortiz

Fotografía: Igora Martínez