por  | 16 octubre 2016

La viuda de Víctor conoció a Bob Dylan en 1974, tras asistir a un concierto benéfico –realizado en Nueva York– con el objetivo de recaudar fondos para los chilenos exiliados. El evento, recordado como la noche en que Bob Dylan le cantó a Allende, trascendió en la historia como uno de los primeros actos públicos donde se dijo que el Golpe de Estado en Chile fue planeado por la CIA. Tres días después, el Premio Nobel de Literatura 2016 invitó a Joan al Museo de Arte Moderno: «La gente lo rodeaba y le decían que se parecía a Bob Dylan. Él respondía que sí, que se lo decían a menudo, pero que él no era tal persona».

Joan se acerca a los 90 años, pero su memoria no le falla. Se sienta con lentitud, apoyando su bastón en la mesa. Su elegancia –como toda elegancia auténtica– es discreta; y sus palabras, pausadas y sentidas, pasan inadvertidamente del español al inglés (especialmente cuando evoca sus escenas con Bob Dylan).

«Ya habrás notado que no soy muy buena para conversar», dice con resignación, pero cada vez que aparece el nombre del Premio Nobel de Literatura 2016 sus gestos se vitalizan y las ganas de hablar se apoderan de ella.

-¿Cómo conoció a Bob Dylan?

-Lo conocí en el concierto que organizó Phil Ochs en el Madison Square Garden, para beneficio de los refugiados chilenos. Esto fue un año después del golpe militar en Chile. El concierto era una locura: estaban los Beach Boys, Pete Seeger, Dennis Hopper, Arlo Guthrie y bueno….Bob Dylan, que llegó muy tarde.

-¿Qué recuerda de él?

-Bueno, la verdad es que yo creo que Bob Dylan echó a perder el ambiente con su llegada. De hecho, se demoró mucho en aparecer, era de los últimos artistas programados. Cuando llegó al escenario para cantar Blowing in the wind, estaba absolutamente pasado, borracho a más no poder, tenían que sostenerlo para mantenerlo en pie.

Supongo que cantó, pero no lo escuché. En ese sentido, el concierto no era demasiado bueno, había buena cosa, sí, pero también cosa mala. Todos estaban decepcionados de Dylan.

-¿No estaba consciente de la importancia del concierto?

-Primero, costó muchísimo convencerlo para que fuera. Una vez ahí, estaba más interesado en tomar: siempre lo vi cerca del vino. En realidad, el ambiente no era muy consciente de la importancia del concierto. A Pete Seeger y su esposa no les gustaba lo borracho que estaba Dylan, y Toshi se dedicó a rescatarnos de un ambiente no muy en sintonía de lo que se trataba el asunto, de un ambiente en el que se fumaba…

– ¡Estaban todos pasados, mamá! ¡Dígalo! –interrumpe su hija Amanda, que también estuvo presente en el concierto.

-Bueno sí –responde con cariño Joan-, tú lo expresas mejor que yo.

-¿Volvió a verlo después del concierto?

-Sí. Tres días después del concierto fuimos invitados a una comida a la casa de uno de los patrones del evento, y estaban invitados los artistas. Llegamos a una casa impresionante, y Bob Dylan estaba ahí. Me llamó la atención que todos a su alrededor gateaban y susurraban. Todo porque él estaba durmiendo.

-Me imagino que despertó en algún momento…

-Sí. Phil Ochs me vino a buscar y me dijo que Bob quería hablar conmigo, y fue un gran momento para la gente porque por fin “había despertado”, y recuerdo que fue al refrigerador y luego al jardín y se sentó. Instantes después, me llevaron ante él, era como una suerte de Dios: estaba ahí, pero al mismo tiempo no estaba. Me empezó a preguntar cosas sobre el país de Víctor. «¿Es verdad lo que dicen, que Chile está tan vivo?». Recuerdo que esa es la palabra que usó: «vivo».

-Todo esto en una época en la que Dylan estaba más bien alejado de las “causas sociales”

-Bueno, eso no lo sé, pero sí recuerdo que preguntó si acaso era verdad todo lo que estaba ocurriendo en Chile, los crímenes, todo eso. A sus ojos, encontraba innecesario hacer tanto revuelo por un país que ni siquiera sabía que existía. Después, me preguntó qué hacía cuando no estaba intentando difundir la palabra sobre lo que le había ocurrido a mi esposo. Le respondí que era una bailarina profesional, pero esquivé el tema…Y de pronto se me acercó y dijo: «¿Te gustan los cuadros? »

-¿Y usted qué le respondió?

-Le dije por supuesto que sí, pero que no había tenido tiempo de ir a museos. Entonces él me preguntó: «¿Te gustaría ir conmigo al Museo de Arte Moderno?» Me llevó a ver el cuadro Guernica de Picasso…

-Usted y Bob Dylan, una tarde, en Nueva York. ¿Qué le parecía la situación?

-Todos estaban impresionados de que Dylan me invitara a pasear. Pero yo no pensé que él vendría. Estuve a punto de no ir. Cuando estaba en el taxi, le pregunté a la gente que me acompañaba qué hora era, porque Bob dijo que debería estar en Broadway a las 4 en punto y que me estaría esperando. «WHAT!», esa fue la reacción de todos. No lo podían creer. «¿Te dijo que te iba a estar esperando? ¡Qué hora es!» Eran pasadas las 4…Y estábamos lejos de Broadway.

-No me diga que…

-Ahí estaba, apoyado en un poste de luz, esperándome. Todo parecía un sueño. Nadie podía creer que Bob había hecho algo que dijo que iba a hacer, que realmente estuviera ahí, que hiciera un gesto, un bonito gesto; y lo hizo. Por un momento se tomó todo en serio, creo que se dio cuenta que éramos gente normal. Fue una tarde de verdadera conexión que desapareció para siempre.

-¿Pudo estar tranquilamente con él, a pesar de que su cara era reconocida en todas partes?

-Recuerdo que todo era muy absurdo, toda la gente merodeaba y no dejaban de mirarlo. Era una locura. Algunos se acercaban y le decían «te pareces a Bob Dylan», y él respondía «sí, me dicen eso mucho, pero no tengo nada que ver con él, solo me parezco».

Antes de irse, se acercó y me dijo «well, I’m here if you need me», pero nunca lo estuvo.

Era su forma de decir adiós.

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