A inicios de los años 70, mi abuelo y poeta popular Gustavo Toro solía organizar fiestas en el pasaje. El objetivo, más allá de celebrar la Independencia de la patria, conmemorar el nacimiento de Jesús o el año nuevo mapuche, era la oportunidad ideal para generar comunidad, compartir y apropiarse del espacio público, y sentirse parte de un relato. Algunos vecinos tejían los disfraces, otros preparaban el banquete, los más pequeños actuaban y los mayores construían la escenografía. Era una fiesta vecinal y, al mismo tiempo, la evidencia de que el ser humano requiere apropiarse, construir y producir colectivamente el espacio.

Pero ¿estamos todos produciendo colectivamente hoy nuestro hábitat?

Antes de responder a esa pregunta es necesario situarse en el contexto actual

Siga leyendo el artículo de: Fernando Toro Cano en la página 26 de nuestra Revista de Gestión Cultural MGC.  Seguir leyendo