Las artes en la gestión cultural

Sólo hace unos pocos años atrás, en Chile se confundía la gestión cultural con la gestión de las artes, pues cultura y artes se usaban como sinónimos. En la actualidad, sin embargo, ello ha ido cambiando, toda vez que la gestión cultural ha ido ampliando su cobertura, ahora entendida desde una perspectiva más antropológica y sociológica, haciéndose cargo de diversos aspectos de la vida cultural –ya no solamente de las artes–, como son las políticas culturales, el desarrollo de las culturas e identidades locales, la vinculación entre cultura y educación, la recuperación y/o puesta en valor del patrimonio material e inmaterial, la descentralización, las migraciones, el multiculturalismo y la responsabilidad social empresa- rial (RSE), entre otras posibilidades.Por cierto que las artes siguen siendo de primer interés para la gestión cultural y por ello este número está dedicado especialmente a ellas. No es para menos, cuando se trata de expresio- nes que pueden llegar a ser una gran síntesis cultural o, asimismo, un poderoso agente de cambios culturales. El artista, desde la intimidad de su ser –desde su taller–, muchas veces logra penetrar en el consciente e inconsciente colectivo de la sociedad, creando nuevos mundos que nos asombran y ayudan a ampliar los horizontes emocionales y mentales, a través de nuevas ideas, visiones, audiciones, sensaciones o impresiones en general. El artista en realidad interviene en la cultura, provocándola y dinamizándola, generando nuevos espacios y tiempos para vivir. Gracias a lo anterior, la cultura y el patrimonio están permanentemente actualizándose, repensándose y resignificándose. Siendo así, los artistas se ubican en las fronteras del queha- cer humano, en aquellos bordes que muchas veces constituyen las trincheras de una contra- cultura, generando las tensiones necesarias para hacernos permanecer despiertos y alertas en lo que es más propiamente humano. La materia prima surge entonces desde los íconos y ritos que tejemos en nuestra vida cotidiana, según sus diferentes caras y contradicciones, preguntas y respuestas, problemas y soluciones. Con todo, las artes en la gestión cultural conllevan constantes puntos de inflexión y tensión. No por casualidad hay artistas que cuestionan y desconfían de la gestión cultural. En muchos sentidos se comprende que así sea, pues mientras la gestión cultural está preocupada de la puesta en valor de ciertas realidades culturales o íconos patrimoniales, las artes pueden estar en la vereda opuesta, derribando ciertos mitos para desde las ruinas construir nuevos signifi- cados y así mostrarnos otras caras de la realidad humana-simbólica. En el fondo, el artista es un agente de cambios que opera como una punta de lanza de la vida cultural, generando tensión entre la tradición y el cambio, la memoria y la creación, siempre buscando la libertad / liberación del ser humano; es decir, la expansión –de alguna manera– de nuestro universo. Pero la tensión entre las artes y la gestión cultural también se genera en cuanto se entra en el campo de la distribución y/o comercialización de “sus productos”, especialmente hoy, cuando más se apela a las «masas de consumo» que a las «sociedades de personas». De hecho, en el campo de las artes los objetos se ponen al servicio de los sujetos (desarrollo humano), mientras que en el campo de la industria –de la (re)producción y distribución en serie–, tiende a ocurrir lo contrario: los sujetos se ponen al servicio de los objetos (subdesa- rrollo humano / consumir hasta consumirse). Por de pronto, en la economía de mercado –a secas– el ser humano tiende a desaparecer, tiende a ser olvidado y ninguneado. No obstante, frente a ello la gestión cultural debe estar especialmente alerta; debe saber relacionarse y ponerse al servicio de las artes, como mediadora entre el artista y la sociedad, como facilita- dora de la circulación de las obras artísticas en la vida cultural, trabajando para diferentes públicos y no sólo para las élites. Pues bien, algunas de estas cuestiones se abordan en la presente revista, incluyendo las perspectivas y quehaceres desde diferentes regiones de Chile y otros países del continente, en este caso México. Invitamos entonces a leer las siguientes páginas con especial atención y apertura, esperando que cada lector(a) pueda descubrir algo nuevo, obteniendo ojalá ciertas respuestas sobre el tema elegido pero, a su vez, planteándose nuevas preguntas al respecto.

 

Índice

 

Editorial Las artes en la gestión cultural Gabriel Matthey 4-5
Una Mirada La gestión cultural como disciplina: entre las políticas y el consumo Sergio Rojas 7-12
Perspectiva Prácticas artísticas en el espacio de gubernamentalidad neoliberal Carlos Ossa 13-17
¿Gestión de las artes en Chile?: la urgencia de una cuestión previa Mauricio Barría 18-20
Ley de música chilena en el medio radiofónico: ¿20% de qué? Mauricio Valdebenito 21-24
Pedagogía de la mirada Andrea Jösch 25-27
La investigación cultural como licitación funcionaria Tomás Peters 28-30
  Gestión editorial independiente: apuestas para la construcción de una identidad Sebastián Garrido 31-33
Sección Internacional

 

Diálogos con el mundo: el museo virtual: una reflexión desde la sociedad del conocimiento Hugo Paz Zea 34-38
Territorios Culturales

 

 

Festival Internacional de Cine Rural Arica Nativa   40
Asociación indígena Aymara Suma Marka   41
Agencia cultural retornable Francisca Fonseca Arévalo 42
Liceo de música de Copiapó   43
Teatro centenario de La Serena   44
Puerto de Ideas Constanza Santibáñez 45
Museo a Cielo Abierto en San Miguel   46
Casa del Arte de Rancagua   47
Fiesta de los Negros de Lora   48
Libros de Nébula   49
Aldea intercultural Trawupeyüm   50
Discos Tue Tue: un embrujo del sur Marcelo Godoy 51
El proyecto SIPAM, sistemas ingeniosos de patrimonio Agrícola Mundial   52
ONG Aumen o eco de los montes   53
Parque Historia Patagonia – Fuerte Bulnes & Puerto de Hambre   54
  Emergencia Cultural

 

MHM: patrimonio histórico al alcance de todos   57
Cómo sobrevivir al mercado del arte contemporáneo Daniela León 56